Desde un principio se ha hablado sobre Obama con adjetivos positivos únicamente. Se ha llegado hasta a decir que es un superhéroe. Después de tener como líder a un hambriento de guerra, la presencia de
este hombre marcaría un antes y un después, con el cierre de Guantánamo, con sus historias conmovedoras sobre el buen padre que desea ser... Y claro, nadie se da cuenta de nada.Qué valiente es Obama, y vaya precisión, matar a una mosca ¡con lo difícil que es acertar!
Naturalmente, la organización por los derechos de los animales People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) no ha tardado en reaccionar y en exaltar su postura contraria al maltrato incluso de los seres más pequeños y, según la mayoría de la sociedad, repugnantes y asquerosos.
Apenas nadie habrá pensado en el bienestar de los animales al ver a través de la televisión la entrevista que tuvo como interrupción dicha muerte. Es lógico. Son seres que no tienen cuatro patas sino que emiten un ruido molestoso al volar por nuestras cabezas; que no juegan con nosotros en el parque sino que nos pueden contagiar de cualquier mal; que son tan pequeños, tan oscuros, que sería prácticamente imposible sentir por ellos algún tipo de cariño.
Pero, ¿sienten? Aunque no sientan como el perro que tenemos en casa, ¿sienten?
¿Le ha supuesto la presencia de este insecto algún tipo de perjuicio a un presidente que lo tiene todo; que tiene un traje limpio con el que vestirse para una entrevista; que tiene el éxito requerido para recibir un reportaje de citas dedicado exclusivamente a él; que tiene una familia y al mundo entero a sus pies?
Barack Obama se seguirá sintiendo como el rey del universo con todas sus reformas y todas sus promesas, y todo el mundo creerá en su benevolencia. Esta anécdota será recordada como eso, una simple anécdota curiosa que ha logrado la risa de más de uno. Hasta el entrevistador actuó de manera tan sumisa ante la persona que tenía en frente, narrando minutos después ante la televisión el simple suceso de un hombre que mató a una mosca con la palma de su mano, como si el giro de la Tierra dependiera de ello.
Pero siempre quedará el cuerpo de la mosca que, como bien mostraba este presidente ante las cámaras, yacía en la alfombra ante sus zapatos lustrados y para colmo de cuero, y siempre quedará la pregunta de, ¿en qué nos hemos convertido?
Yes, we can... Frases que repetimos como estúpidos, sin pensar.
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