
Esta crítica pretende concienciar a los ciudadanos sobre el derecho a la vida, pero ni es coherente ni es justa. El lince ibérico es el felino que más peligro corre en el mundo, hasta tal punto de que en España sólo se ha localizado en Doñana y la Sierra Morena (Jaén) y en Cardeño y Montoro (Córdoba). No existen más de 160 linces ibéricos, y su población ha disminuido en un 90% en treinta años, según Ecologistas en Acción.
Los linces son víctimas de la crueldad humana. Terminan disparados, matados por perros de caza o atrapados con cepos y lazos. Agonizan hasta su muerte. La Iglesia intenta rebajar a un animal que siente igual que nosotros, al tener el mismo sistema nervioso central, para así proteger a los bebés que todavía no han nacido y que por lo tanto aún no sienten. El fin nunca va a justificar los medios y los religiosos deberían analizar los métodos con los que condenan el aborto, pues nosotros también somos animales y tanto los linces ibéricos como los futuros bebés tenemos derecho a una vida. Para ayudar a uno no hace falta dejar de proteger a otro.





